Por qué separar quién cobra, quién revisa y quién aprueba en tu conjunto
La separación de funciones es un principio de control interno usado en cualquier organización que maneja dinero de terceros: la persona que prepara una operación financiera no debería ser la misma que la revisa, y la que la revisa no debería ser la misma que la aprueba. El objetivo no es desconfiar de nadie en particular: es que ningún error, ni ninguna irregularidad, dependa de que una sola persona haga todo bien todo el tiempo, sin nadie más mirando.
En una copropiedad, este principio aplica directamente a los cobros de administración, los pagos a proveedores y los ajustes de cartera. Si la misma persona registra un cargo, aprueba el pago y concilia el banco, no hay un segundo par de ojos en ningún punto del proceso, y eso es exactamente lo que un revisor fiscal o un auditor externo va a señalar primero al revisar las cuentas de un conjunto.
El problema práctico es que la mayoría de las administraciones de propiedad horizontal en Colombia todavía dependen de hojas de cálculo o de un solo usuario administrador con acceso total a todo. No es que nadie quiera aplicar separación de funciones. Es que el sistema que usan no distingue entre roles: todo el mundo que tiene acceso, tiene el mismo acceso a todo.
Para aplicar este principio de verdad, el software mismo tiene que reconocer roles distintos: quien prepara una tarea, quien la revisa y quien la aprueba deben ser identidades separadas, verificadas por el sistema y no solo por acuerdo verbal entre las partes. Solo así la separación de funciones deja de ser una política escrita en un manual que nadie revisa, y se convierte en algo que efectivamente no se puede saltar.
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